El fin de semana del 31/01/2026 al 01/02/2023 varios miembros del club TSE nos desplazamos a la provincia de Alicante, concretamente a Jávea, a disputar la Granadella Trail. Recorrido duro y técnico al que no estamos acostumbrados. Al menos yo.
Hace un día perfecto para correr. Sol, temperatura baja y algo de humedad aunque no demasiada.
Me encuentro bien, aunque sigo algo pasado de peso, pero eso, con la edad, cada vez cuesta más solucionarlo. Aún así encadeno buenos entrenamientos previos y llego descansado, aunque con el dolor de la tendinitis de pata de ganso en mi rodilla izquierda que arrastro desde hace tiempo y que mejora y empeora a ratos según la carga de entrenamientos.
Inicamos la carrera Jaime y yo juntos, como habitualmente. Se comienza con una ascensión importante en la que las pulsaciones suben considerablemente. Aunque es casi todo por asfalto, ya empieza a notarse la rodilla, así que suave, hablando y con tranquilidad. Que la carrera es larga y se puede hacer eterna.
Una vez coronamos la primera ascensión, comenzamos la bajada por el torrente, lleno de piedras, hasta la cala Granadella. Vamos en un buen grupo, muy alejados de los de adelante, pero por la mitad de la calsificación, lo que preocupa algo por si estamos forzando más de lo necesario. Pero vamos bien.
Llegamos a la cala, donde está el primer avituallamiento, y paramos con tranquildad. Vemos que somos de los pocos que paran. No lo entiendo demasiado. A nuestro nivel, que es parecido al de los que llegamos en esa franja horaria, no va de unos segundos. Y repones líquidos y comes algo con tranquilidad. Bajas pulsaciones que ahora hay una buena subida. Que los que hemos estado en avituallamientos sabemos lo que se agradece un poco de conversación y agradecimiento de los corredores. Y que está to pagao!.
Comenzamos la subida a un bucle técnico de unos 5 kilómetros y ya vemos bajar, al poco, a nuestro compañero Dani. A la postre será segundo, colándose entre los pro a los que dió batalla. Qué cualidades las de este chaval. Es envidiable verle pegar zapatazos contra el suelo mientras baja (con zapas de asfalto…) a toda leche.
Nosotros a lo nuestro. En subidas mantenemos posiciones, pero en bajadas no tan técnicas, pasamos a muchos corredores. Jaime me espera de vez en cuando en las subidas.
Llegamos a la subida dura, una pared empinada de piedra suelta que se me atraganta un poco. Además pillo a otro corredor que lleva bastones y que va, prácticamente, parado. Pero no me permite pasar por ningún lado. Así que tranquilo y a su ritmo mientras veo que Jaime se me va. No quiero poner más nervioso a este corredor, de mi quinta o más mayor, porque veo que le cuesta mucho subir y que hiperventila. Le pido paso en dos ocasiones pero o no me escucha o no asimila lo que le pido.
Al llegar a la cumbre, troto pero ya no veo a Jaime. Cerca del último avituallamiento vuelvo a verlo y aprieto un poco para contactar allí. Pero compruebo que no para y que sigue adelante. Bueno, no importa, a mi bola. Yo si paro, repongo agua e isotónico, como galletas y me llevo un vaso lleno de frutos secos que voy comiendo mientras ando. Ojo, que había cerveza y no bebí. Y mejor, porque nos esperaba el cauce de un torrente rompe tobillos con muchísima piedra suelta que parecía haber sido puesta allí a propósito. Ando un buen trecho hasta que me acabo los frutos secos y marcho a buen ritmo. Paso un corredor extranjero que iba cojeando, le pregunto y me dice que se ha doblado un tobillo. Lógico en este pedregal. Le ofrezco un ibuprofeno bebible que acepta con reparo hasta que lo lee y entiende. Mi inglés no me daba para explicarle bien lo que le ofrecía.
El resto de la carrera consta de una subida técnica y un sube baja rompe piernas en el que ves el pueblo de Jávea pero no te diriges directo hacia él, sino que vas cresteando hasta que afrontas la última bajada. Allí pasé varios corredores de mi distancia y de la 10k que se habían unido a nosotros poco antes de comenzar la bajada. Muy buenas sensaciones y muy entero muscularmente.
Realmente disfruté de la carrera y acabé mejor que empecé. Y en la mitad de la tabla. GENIAL!!!!
Al llegar a meta no ví a nadie del club, pero me dirigía por la jarra para llenarla de cerveza. Algo que hice una vez y me la bebí de un trago. Riquísima. El chico que me había servido de una litrona me ofreció lo que quedaba (todo menos lo que me había escanciado a mí). Cómo declinar el ofrecimiento. Así que cogí algo de comida y me senté con mi litrona más feliz que una perdiz.
Seguidamente a la ducha ( pillamos un hotel al lado de la salida/llegada de la carrera, todo un lujo), entrega de premios y a coger el barco de vuelta a Ibiza.
Un fin de semana intenso pero reconfortante. No estoy tan mal como pensaba, la rodilla parece que aguanta y vamos perdiendo algo de peso. Aunque en esta escapada creo que el balance energético ha sido positivo. Pero que me quiten lo bailao!